Siempre, siempre, me acuerdo mucho de eso que una vez escuché que decía: Es más fácil que te mueras por no dormir que por no comer.
No es que sufra de insomnio en este momento, pero tengo sueño y no tengo ganas de dormir. Espero que no se me revierta y luego quiera dormir y no pueda lograrlo. Solo que ahora deseo vivir más estas pocas horas de vida nocturna que irme a soñar. ¿Qué soñaré? quien sabe, no puedo saberlo, aún si supiera al despertar lo más seguro es que comenzara a olvidarlo, y si lo recordara ¿de qué me serviría si solo ha sido un sueño? Bueno o malo no pasa de allí, si aún en los sueños que uno tiene despierto la mayoría se quedan en eso, sueños nada más.
No, esta noche prefiero mantenerme despierta, porque mañana quien sabe que me depare la vida, quien sabe que traiga el día de mañana, la lluvia de hoy podría arrastrar malas noticias que no estoy ansiosa por saber. Y mientras tanto puedo escribir, puedo leer, puedo navegar o puedo simplemente ponerme a pensar en todo lo que ha pasado hasta el día de hoy, hasta la noche de hoy Viernes, que ya es Sábado a las 2:30 de la mañana.
Puede ser también, que me he grabado tanto esa frase primera, que bien podría estar atentando contra mi vida, que podría este ser un intento de suicidio lento y progresivo en donde mi inconsciente trata de liberarse de toda carga dándome una salida fácil y engañosa.
También a esta hora tengo hambre, y creo que iré por algo al refrigerador. Entonces puedo concluir que si bien uno se muere más rápido por no dormir que por no comer, es más fácil no dormir que no comer.