Well I returned to México three days ago, and maybe I will write not in cronologic order. I must be say: I didn't use anything translator to write these sentences, so probably here has very much wrongs. I'm sure in fact. But quería escribir eso en inglés, I don't know why. Many times I play to speak in conversations totally in english and itis funny. Well it's enought.
ADVERTENCIA, ESTE TEXTO ES LARGO, VERY LARGO.
Trataré de escribir esta crónica de forma cronológica (y aquí agradezco a la tecnología porque a pesar de que amo mucho el papel y la tinta, esto sería muy cansado sin un teclado y la posibilidad de borrar, insertar y seguir escribiendo. Da la casualidad por cierto, que estoy leyendo "Diario de Brigadista" de José Agustín, y aunque su texto no tiene nada que ver con un viaje de placer sino más bien del deber ser, es inevitable que en ambas relatorías aparezcan esas "aventuritas" que suceden por el simple hecho de ser humanos porque pues, la humanidá... Y comenzamos.
8 de agosto de 2023: Día 0
Después de: horas de anticipación en aeropuertos para documentar, café y cuernito carísimos, dolor de estómago, espera de vuelo, abordaje, volar, dolor de estómago, conexión Monterrey - CDMX - Medellín, búsqueda de sala para abordar, dolor de estómago, comida exprés (saludable con ensalada y gelatina), vuelo de 4 horas, llegada con frío a un país nuevo, sello en mi pasaporte, primera vez pasando migración (feliz-miedo), sacar dinero de un cajero con diferente denominación (confusión), conseguir taxi a media noche (más miedo), llegada a Hotel, descubrir que han abierto y robado cosas mías de la maleta que documenté (enojo, frustración, resignación malditaseaseguramentefueronlasratasencdmx)... dormir por fin.
9 de agosto: Día 1
Temprano a desayunar en el restaurante del hotel y toparnos por primera vez con lo que llaman un desayuno continental de un continente que aparentemente conocemos muy poco. Las opciones para el desayuno: rebanadas de pan blanco/integral, café con sabor tremendamente regular (primera Colombia-decepción), huevo revuelto con elote (si, elote), jugo de naranja, rebanadas de queso blanco, amarillo y jamón. Trozos de sandía y papaya y algunas piezas de pan dulce. Al grupo no le gusta y comemos muy poco, comienzan las quejas (como en cada viaje que hemos hecho): "¿Qué es esto? eeww huevo con elote, mejor nadota", "¡No hay salsa!", "No hay nada bueno para comer". Procedemos a dar por terminado el desayuno y subimos a alistarnos para salir a pasear.
Primer parte de la misión de este día es conseguir un chip del país para poder comunicarnos y tener internet. Caminando y preguntando hayamos una papalería y la primera sorpresa agradable: las cosas son mucho más baratas aquí. Pido un didi que nos lleva a la central de autobuses. En una tiendita compro agua y pregunto si tienen cacahuates salados (me mira con cara de ¿ehh?) "¿Cacahuates salados? mmm no... (me miro a mi misma por dentro con cara de uuhh ¿qué esperabas que hubiera aquí bokados Marina?) El autobús es modesto, no tiene clima (más quejas del grupo). Nos toca hasta atrás y cada curva, bordo, acelere, empareje, rebase del autobús, se siente como ir en la montaña rusa (dicen, la verdad yo nunca me he subido a una de esas cosas del diablo). Dos horas después y unas cuantas vértebras re-acomodadas, llegamos al poblado de Guatapé. Mucho verde, desde que estábamos en la ciudad había mucho verde (también mucho indigente viviendo junto al río y unos cuantos tramos de la ciudad con mal olor, pero quién soy yo para juzgar viniendo de donde vengo).
Más verde. todo es hermoso, la vista, el clima fresco, el sol, las nubes, el aire limpio, la gente que disfruta estar viviendo ese momento en un país desconocido. Primera parada: La piedra del Peñol, que tiene 700 escalones los cuales permiten llegar a la parte más alta de la gigantesca piedrota. Comenzamos a subir unos escalones, el grupo se empieza a separar (dificultades técnicas en el buen funcionamiento de cada cuerpo humano), yo trato de esperar a las demás y hago pequeñas pausas (si, presumo que en este momento de mi vida tengo mucha mejor condición muajaja). Aprovecho para admirar el paisaje, estamos en medio de una represa, y si, más verde, muchas plantas con flores de colores muy vivos. La gente feliz pasa a los lados mirando a todas partes y tomando muchas fotos, que bonito flotar entre tanto turista emocionado. Casi al final de esos escalones, vemos de lejos el Peñol y nos damos cuenta que realmente los 700 escalones comienzan al pie de esa piedra, nosotras estamos apenas subiendo la entrada (ojos en blanco "ay no bye con eso, solo nos tomaremos la foto," la mayoría del grupo manda). Llegamos a la explanada y hay mucha gente, nos tomamos muchas fotos con La Piedra de fondo. Veo muchos anuncios de comida, huele bastante bien, a grasita. Escucho a personas que han subido y regresado de los 700 escalones y comentan "¡Mira como me tiemblan las piernas!", "¡Lo logramos, siiii, si se pudo!", "Hasta arriba, llegué hasta arriba de verdad, impresionante la vista". Bueno, supongo que otro día será...(dudoso). Entramos a comer en un restaurante bonito, un mural lindo y unos paraguas de colores. No entiendo algunas cosas del menú pero pido lo que suena más colombiano que no sea traído del agua. Churrasco, arepa con queso, patacón, unas papas a la francesa, ensaladita y una Heineken para no errarle. Al grupo no le parece un corte digno de su paladar, las comparaciones con los cortes regios no se hacen esperar, y la que sería ya una constante: no hay salsa, no hay nada picante. Más quejas de lo que tarda en llegar la comida. A mi me parece todo muy rico, tiempo considerable y atención amable 9/10, mi panza llena, mi corazón contento. Parémonos a curiosear en las tiendas de recuerdos.
Bajamos y tomamos más fotos bonitas. Nos trepamos a una moto-con-cabina que no sé como se llamaba (muy colorida también) y vamos al centro del pueblito de Guatapé. Todo lindo, bonito, lleno de colores. No sé como les llamen ahí pero para mi es un pueblito mágico. Quisiera tomarle foto a cada esquina, grabar cada calle y preguntarle a cada dueño de local cómo es la vida allí, pero tenemos otra misión: buscar la calle que tiene sombrillas de colores para tomarnos fotos, así que vamos mas o menos rápido entre comprar recuerditos y buscar callecita para fotos. De pronto me quedo sola en una tienda, no sé a donde se fueron las demás, nadie me avisa y mando mensaje para preguntar, las logro encontrar media cuadra arriba, no contestan el mensaje, red flag #1. Encontramos la cotizada calle de las sombrillas de colores. Foto, foto, hay mucha gente, foto, sostén mi bolsa, otra foto, esa no me gustó, más fotos. Se empieza a oscurecer un poco, la luz ya no es buena para tanta tomadera de fotos (tenkiu Yisus) nos retiramos a gastar los últimos rayos del sol camino a comprar el boleto de regreso a Medellín: otras dos horas de montaña rusa, pero dormitando con las luces apagadas del autobús (tenkiu Sr. Don Chofer).
Medellín, central de autobuses, uber, hotel, cambiarse, outfit aprobado por el grupo, otro uber: Provenza. Esta famosilla calle gracias a Karol G (al menos fuera de Colombia) es algo así como el barrio antiguo en sus buenos tiempos, baresitos, antros, bebida, música, mucha gente yendo y viniendo con su ropita más cool de night. En un lugar se escucha salsa (mi corazoncito ya sabe que ahí no vamos a entrar y otra Colombia-decepción pero esta vez no es culpa de los colombianos. Mayoría manda. Nos sentamos a beber unas cervezas, alcanzo a mover los hombros y el alcohol empieza a hacer efecto, todo se me empieza a resbalar más fácilmente, me dejo llevar a donde el grupo diga. Nos movemos al otro lado de la calle donde hay más reaggeatón, pedimos cena y se tardan más de lo que quisiera (más quejas: ya ni tengo hambre, está caliente la cerveza, tampoco hay jalapeños, los nachos están horribles, etc). Afortunadamente mi comida sabe muy bien, mi cerveza la tomo rápido, el alcohol en mi sangre me mantiene de buen humor y me hago bromas a mí misma porque mis chistes no son del agrado del grupo, me disocio un rato mirando a las demás personas que cenan y beben. Mucho extranjero, un tipo se acerca y me quiere invitar una bebida y dice que sus amigos tienen rato mirando para acá, mi amiga lo rechaza, yo me río y le digo que ya tengo una bebida gracias, el tipo alza los hombros como diciendo "buuu, lo intenté". Pienso en voz alta: me imagino lo mucho que le ha de haber costado acercare a preguntar eso, no es necesario rechazarlo de manera humillante, el grupo contesta "ay no están bien feos, que quieren". Reflexiono: debo dejar de pensar en voz alta en ciertos grupos. Terminamos y queremos que nos tomen una foto a las cuatro juntas, no encontramos a quien pedirle el favor. Hay un grupo de hombres parados al lado, muy guapos, mis amigas debaten entre dos de ellas sobre quien debe ir a pedirles el favor, se me empieza a disolver el alcohol, quiero ir a casa, me importa un pepino quien vaya a preguntar, quien tome la foto, y hasta la misma foto. Uber, hotel, camita, a dormir.
10 de agosto: Día 2
Me levanto más temprano y bajo a desayunar sola (primera de múltiples veces que esto sucederá en el viaje). Regreso y los planes han cambiado, ya no iremos a un lugar turístico porque al parecer hay muchísima gente asistiendo y no sería una experiencia agradable. Vamos a un centro comercial a comer ( y aquí obviaré las quejas del grupo). No hay casi nada interesante allí, comemos y nos vamos a visitar el Pueblito Paisa.
Un lugarcito pequeño muy muy lindo, me recuerda al Parian de Puebla, con locales pintorescos que venden puras artesanías y recuerditos de Colombia. Si acaso unas 4 calles conforman el lugar, así que sin dificultades no separamos y cada quien anda a su ritmo por donde quiere. Debo admitir que me sentí muy bien en este lugar y no sé si fue por la familiaridad que encontré con las callecitas pintorescas, o porque me sentí más libre de al andar sola un rato.
Regresamos al hotel por las maletas y nos vamos para el aeropuerto. Volamos aproximadamente 45 minutos hacia Cartagena, y creo que hacemos el mismo tiempo en taxi hasta el hotel (está lejitos). Check in en el hotel, unas bebidas en la palapita y a la habitación a descansar.
11 de agosto: Día 3
Me levanto antes y salgo porque tengo muchas ganas de ver el mar de Cartagena, ni si quiera es temprano, son más de las 8:00 am y el sol ya se deja sentir. Atravieso todo el hotel para poder llegar a la playa. La arena es oscura y se siente muy caliente, hay un par de personas ya en el agua y otras en las sillas broncénadose. Las olas están tranquilas pero revuelven tremendamente la arena en la orilla y no puedo ni ver mis pies que se hunden con una increíble facilidad. Me da miedo y me retiro, solo camino por la orilla y regreso a la habitación. Nos sentamos en el desayuno buffet (omitiré de nuevo las quejas). Hoy quería aprovechar para visitar lo que llaman "La ciudad amurallada" pero el plan es estar todo el día en le hotel y salir hasta la noche a un restaurante-bar llamado "Andrés carne de res".
Se llega la noche: baño, outfit (demás cosas necesarias), uber, espera por una mesa, Andrés carne de res. Esta parte la voy a titular: "Sorry but not sorry". Yo pedí lomo de res a la mostaza (o algo así) y una cerveza Club Colombia (chiflada), lo que a mi me pareció una cena deliciosa, suave, jugosa y de porción perfecta, (omitiré opiniones del grupo acerca de la comida y el servicio de los meseros). Desde que llegamos a la barra (no nos dieron mesa), había gente por todos lados, muchos comensales y personas bailando en una pequeña pista al centro del restaurante. Yo tenía unas ganas inmensas de pararme a bailar, se escuchaba algo de salsa alternado con reguetón. Le dije a una de mis compañeras de viaje que fueramos a bailar, no quiso. Terminamos de comer y le dije a otra, tampoco quiso. Nos movimos a una mesa y yo sentí que mis deseos de pararme a bailar se verían frustrados porque la cena había terminado y en lugar de pararnos a bailar decidieron sentarse en una mesa a... no sé a qué. Cada quien viendo el celular, viendo al rededor. Veo que se paran para grabar una historia en la que se mueven como si estuvieran bailando, dejan de grabar y se vuelven a sentar, me parece el colmo y pienso: no vine a otro país a quedarme con las ganas. Le pregunto a una de ellas ¿Se van a quedar aquí? y me responde que si, así que le pido que me cuide mi bolsa por favor, y me voy a la pista a colarme entre la gente para bailar.
No sé cuanto tiempo pasó, sinceramente perdí la noción del tiempo pero yo calculo al menos unos 35 minutos que estuve bailando sola, con un hombre que se puso a bailar conmigo, con un grupo de personas que iban a una boda en la playa y con un par de amigas que participaron bailando en medio de todos animadas por el líder de la banda que tocaba. Las mujeres en Colombia bailan muy muy bien, de grande quiero ser como ellas. Estoy sudando terriblemente pero sigo bailando hasta que la banda agradece y se despide. Me he divertido muchísimo y regreso a la mesa con mi grupo.
Veo que están ya pagando la cuenta y una de ellas me dice que se dividió todo entre 4 y luego nos arreglamos, pero las noto molestas, viene la pregunta ¿Dónde estabas? -Bailando, Nosotras también queríamos bailar pero no pudimos porque estábamos cuidando tu bolsa, no nos avisaste. Creo que aquí hubo un error de comunicación al no especificar que me iba a bailar, pero al final de cuentas no creí que quisieran y además pensé: si no sabían donde estaba entonces ¿por qué no me buscaron?, ¿no estarían preocupadas si realmente no supieran donde estaba?, ¿Qué tal si alguien me drogó y me raptó en el baño?. Mentiras, solo están molestas pero no les importaba realmente donde estaba, porque ya lo sabían. Así que hubo un silencio incómodo de regreso al hotel y hasta la mañana siguiente. ¿Me arrepiento? No, uno a veces tiene que ser un poco egoísta.
12 de agosto: Día 4
Hoy la misión es ir a la Isla Barú porque se dice que la playa de ahí es hermosa con aguas turquesas y cristalinas. Desayuno sola y regreso para alistarme. Nos vamos ya más relajadas de humor. A las 10 am ya es tarde para un tour desde el centro, pero nos andamos por ahí un rato viendo las callecitas, hasta que decidimos arriesgadamente irnos en uber hasta la isla (porque para nuestra sorpresa hay un puente que conecta con Cartagena). Para nuestra "suerte" el chofer tiene conocidos en la isla y nos lleva a una parte bonita llamada Playa Tranquila, que es todo lo que promete, agua turquesa, arena clara y suave, mar cristalino y sobre todo tranquilo, poca gente.
Es hermoso, me quiero quedar ahí lo que resta del viaje. Me voy metiendo un poco más cada vez al mar, voy sintiendo la arena firme bajo mis pies y me siento un poco más segura, se mete una de mis compañeras también y todo se siente tan bien que es como si el tiempo no corriera. Quizá el nombre de Playa tranquila es por la sensación de paz que genera, de esa tranquilidad que es dejarse mecer por las olas suaves yendo y viniendo. Comemos y volvemos al mar. Dos de mis compañeras se suben a una banana. Yo no me atrevo, parece que mis miedos viajan gratis conmigo hasta Colombia. Se llegan las 5:00 pm y tenemos que irnos porque el camino de regreso no está iluminado y el ocaso se precipita en esas tierras.
Uber, hotel, baño, cena, dormir. Ha sido un día muy bonito, hoy si hubo risas y pláticas amenas, me quedo con este día y lo bueno.
13 de agosto: Día 5
Me levanto temprano y voy a desayunar. Tengo muchas ganas de un café con leche y descubro un lugarcito lindo en hotel que sirve solo cafés y panecitos dulces. Me encanta que es al aire libre y en medio tiene un árbol enorme que da sombra a todas las mesas. Así de grande es. El plan hoy es estar todo el día disfrutando de lo que ofrece el hotel y reservamos una cena de menú italiano para más tarde. Mientras: playa, sol, arena, bebidas, snacks, lluvia, alberca, más lluvia, baño. Cenamos (ya ni mencionaré las quejas). Pedí canelones, pizza margarita, y vino blanco (nunca lo había probado y lo sentí fuertecito) Quedé satisfecha. Hubo un show de baile por parte del hotel.
Debo mencionar, aunque no tiene nada que ver con el viaje, que en este momento recibo una noticia preocupante sobre el embarazo de mi hermana y me quita el ánimo de seguir con unas bebidas, realmente me dan unas ganas de llorar que no puedo controlar y prefiero aislarme a la habitación. Por fin a dormir esperando mejores noticias al día siguiente.
14 de agosto: Día 6
Hoy nos vamos de Colombia, así que lo poco que nos queda estaremos en el hotel aprovechando el mar, la alberca y la comida antes de irnos al aeropuerto con las maletas.
Tomamos vuelo de Cartagena a Medellín y después esperamos 4 horas a que salga nuestro vuelo a CDMX. Ya son las 2:30 am del martes 15 de agosto y abordamos con mucho sueño y una de mis compañeras con un terrible resfriado que la tiene en elevada temperatura, cuerpo cortado, dolor de cabeza y de todo, una situación triste y difícil para ella. Abordamos y logramos dormir un poco por fin. Cuatro horas después llegamos a CDMX y el avión tarda demasiado en comenzar a bajar a la gente. Estamos corriendo para pasar migración, recoger maletas, volver a documentar y alcanzar la conexión a Monterrey. A pesar de las prisas no lo logramos, nos sentimos frustradas y molestas porque no es nuestra culpa, pero eso ya ni importa, solo 2 horas y media más para el siguiente vuelo.
Finalmente estamos en casa, Monterrey, Mx.
Hay muchas cosas que reflexionar acerca de este viaje, pero eso ya lo he hecho en papel. Solo creía necesario documentar con esta relatoría, los sucesos y el sentir de cada día en este mi primer viaje internacional. Al terminar de escribir este texto ya pasaron 5 días de mi llegada. Mi hermana está bien, mi sobrino ya nació, 2 de mis compañeras dieron positivo a covid y estoy semi-alejada de la sociedad por un tiempo por precaución. Mi papá vino unos días pero ya se fue, siento que todo pasó muy rápido pero así es la vida, no te espera y hay que vivirla como viene tomando lo mejor y aprendiendo hasta de lo que no nos gusta. Si tuviera que resumir mi viaje, diría que me gustó mucho, que seguramente pudo ser mejor, pero también probablemente pudo ser peor, así que no me arrepiento de nada pero si lo haré mejor la próxima vez.
FIN.