El agua siempre limpia, de alguna u otra forma, a veces de forma delicada y suave
a veces arrasa con todo a su paso pero, al final de cuentas ayuda a limpiar.
Hace ya más de dos años inicié un camino largo y difícil que aún sigo caminando,
yo sabía que me iba a costar mucho quizá no tanto, pero no hay forma de echarse para
atrás ni tampoco de abandonar ahora, porque en realidad no quiero, yo lo que más
quiero es seguir avanzando y llegar hasta el final.
Se avecinan las fechas de reflexión y melancolía, en las que todos comenzamos a hacer
recuento de lo que nos pasó en el año, de lo que ganamos y perdimos, del tiempo que
aprovechamos y del tiempo que se nos fue, de las personas que se quedaron en nuestra
vida y de las que ya no están con nosotros o al menos ya no como antes. Y aunque quisiera
no enfocarme en lo mal que me fue este año hasta ahora, creo que es necesario tomar en
cuenta y aceptar que no ha sido un buen año y que a pesar de todo lo bueno que me ha
dado la vida desde Enero, hay muchas cosas con las que no estoy satisfecha.
Quiero desde este momento hacer ese recuento para poder tener la ventaja, quiero decir el
día de hoy que no lo he hecho bien y no lo estoy haciendo bien ahora mismo, no me he
exigido lo necesario y lo que es necesario para mi es sentirme feliz. Creo que vale la pena
esforzarme por cumplir ese objetivo, creo que debo exigirme a mi misma estar satisfecha de
mi vida y hacer todo lo posible por vivir cada día sin arrepentirme.
Sé que siendo feliz haré feliz a las personas que amo, y eso es fundamental para mi porque
uno de mis peores miedos es defraudar a las personas que quiero y me quieren, no hay nada
peor que eso (y el miedo a ahogarme por no saber nadar).
Tal vez es la lluvia que después de tanto insistir me obliga a reflexionar y a limpiarme de lo
que no me hace bien y está mal.