jueves, agosto 13, 2015

Verano en Ecuador

Todo comenzó una mañana de verano... no recuerdo muy bien como comenzó la verdad
pero hacía calor y estaba soleado, no tanto como para no disfrutar la vista y los colores que
envolvían el ambiente los cuales eran muy llamativos. Había una luz amarillo - anaranjada que
dominaba el paisaje como si fuera un amanecer prolongado.

Quizá fue por vacaciones que llegamos ahí mi madre, mi hermana, mi primo Luis y yo, aun que no me había percatado de que eran ellos hasta casi el final del viaje en que reconocí su rostro y su voz.

Lo que mejor recuerdo y más impactante es que por alguna razón habíamos llegado en plena temporada de apareamiento y reproducción, había animales pesados: ganado, cabras, venados, algunos otros más pequeños que ahora escapan a mi memoria. Fue impactante porque era un acto masivo y continuo, irreal, grotesco, donde los machos buscaban a las hembras que estaban libres aun si estas acababan de parir a su cría, no les importaba solo iban y hacían lo suyo con ellas y después iban por otra más.

Por su lado, las hembras que parían lo hacían en forma abundante, en donde estuvieran paradas y una cría tras otra, cual máquinas de reproducción. Y las crías, esos bebés grandes e indefensos, al parecer tenían algún mal congénito pues la  mayoría vomitaba y vomitaba repetidamente después de haber sido paridos por sus madres.

Así la calle se convertía en un charco de vómito y pestilencia que, no sé por qué, teníamos que limpiar para poder terminar bien el día.

Recuerdo un comentario de alguien que estaba limpiando a un lado mío: "es lo malo de venir en esta temporada, pero cuando acaba es muy bonito, ya no hay que venir en estos días".

Unas buenas botas de hule eran mi prenda principal para el ardua tarea en combatir la suciedad que habían dejado las familias de animales en crecimiento. Pero por alguna razón estábamos ahí, y pues a donde fueres haz lo que vieres, ¿o lo que debes?, como sea, ya estábamos ahí.

De pronto el paisaje cambió y la oscuridad había cubierto todas las calles. que las calles ni siquiera eran calles si no más bien túneles al ras del suelo que desembocaban a una y otra área habitada. Nos empezamos a esconder, ¿de quién? no lo sé, ¿por qué? tampoco lo sé, estábamos con un grupo de personas que hasta el momento desconocía pero los seguía, a veces ellos me seguían a mi, a veces no sabíamos a donde ir pero continuábamos avanzando porque si no... la verdad no lo sé.

En algún momento el grupo se fue dispersando y a la salida de un túnel el sol brillaba otra vez con sus colores amarillo-anaranjado que bañaban todo el paisaje cuyo olor ya era agradable y cuya vista era impecable. Entonces caíamos en cuenta, ¡estábamos en Ecuador!.

Comenzábamos a subir una colina verde y el viento refrescaba nuestro cansancio del día anterior (supongo que habíamos pasado toda la noche huyendo) y bueno, una vez más recordé, ¡estamos en Ecuador!, es un buen momento para usar mi GPSy decirle al mundo que por alguna extraña razón vine a Ecuador estas vacaciones de verano y que no importa que hayan sido horribles y que no haya entendido nada de lo que sucedió, estoy caminando justo en la línea que divide el mundo en dos y quiero decirle a todos que aquí estoy.

FIN